Conspiración desde #México

Por Nydia Egremy

Agencias, fundaciones y ONG’s extranjeras, que financian y aleccionan en la subversión a “opositores” de gobiernos progresistas, operan en México.

Entre ellas resaltan la KAS, ODCA, NDI, USAID y NED, tenebrosas siglas que desde el territorio mexicano buscan socavar a gobiernos con los que nuestro país cultiva relaciones diplomáticas y fraternas. Se enmascaran en el discurso de la no violencia y el apoyo a la democracia para desarrollar sus labores, que aunque públicas, en gran parte son clandestinas. Esas actividades desde nuestro país son un foco rojo para el Estado, que debería evitarlas y sancionarlas porque violan el derecho internacional.

Es paradójico que, en el llamado Mes Patrio, cuando los mexicanos reafirmamos nuestra independencia del ocupante extranjero, constatemos que nuestro país es sede de múltiples actividades contrarrevolucionarias. Se trata de una vasta telaraña de organismos extranjeros que, contrarios a la autodeterminación de los pueblos de Nuestra América, instruyen a activistas en las artes de la subversión. Son el instrumento del imperialismo en su Guerra de Cuarta Generación para hacerse de territorios y recursos.

Esta red de organizaciones civiles, partidos y fundaciones opuestas a la Revolución Cubana, se tejió durante más de medio siglo y permanece intacta pese al restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Washington y La Habana. Es más, aumentó en extensión y alcance geográfico, ya que desde México conspiran contra el gobierno de la isla y contra otros Estados.

Los titiriteros

A pesar de que esos entes promueven la democracia, la transparencia y la rendición de cuentas, ellos ocultan sus finanzas, su estructura jerárquica real, sus redes de aliados y pactos en el país anfitrión. Para evitar críticas a su labor injerencista, proyectan una imagen inofensiva, solidaria y profesional e integran en su nómina a activistas –primordialmente jóvenes y mujeres– que aspiran a ser “líderes” o a “fortalecer” la democracia en su país.

Científicos sociales, analistas, periodistas y académicos, comprometidos en levantar el secretismo que cubre a esos entes en nuestro país, coinciden en que la organización más misteriosa es el Fondo Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy, NED). Su sede está en la Embajada de Estados Unidos (EE.UU.) en México y se hizo visible en 1994, cuando apoyó a Alianza Cívica en la observación de las elecciones.

Creada en 1983 por el Congreso de EE.UU. como ente privado no lucrativo para “asistir” a reformadores democráticos en el exterior, en 1994 la Cámara de Representantes le suprimió unos 50 millones de dólares de su presupuesto. En protesta, James Phillips advirtió en la Heritage Foundation que EE. UU. no debía desarmar esa “importante arma en la Guerra de Ideas” con un “rol vital” en la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), Europa Oriental, China, Cuba, Irán, Irak, Nicaragua y Vietnam, entre otros Estados.

No obstante, la NED no es ni transparente ni democrática, pues no rinde cuentas claras a los estadounidenses. Así lo revela la auditoría AUD-SI-15-35, de la Oficina de Auditorías de la Oficina del Inspector General (OIG), del Departamento de Estado (DS), desclasificada y publicada en octubre de 2015. Esa revisión descubre que el DS ha sido omiso en su vigilancia de las transacciones financieras de la NED.

Por ejemplo: a) Entre los años fiscales 2006-2014, el DS asignó al presupuesto de la NED más de 963 millones de dólares adicionales a la suma autorizada por el Congreso; b) A la vez, el DS no auditó a la NED tal como se requiere; c) Los términos y condiciones del aval presupuestal de la NED no cumplen los requisitos de la auditoría, y d) El DS no acató los requerimientos para monitorear a la NED y conciliar los informes financieros.

Ese informe, que exhibe el turbio manejo de ingresos, ilustra la ironía de que en sus conferencias, foros y materiales de difusión, la NED sostenga que Cuba “es la única dictadura y sociedad cerrada” del hemisferio occidental.

Su oficial en México es el doctor en filosofía por la Universidad de Georgetown, Enrique Bravo Escobar, que comenzó su carrera política como auxiliar de Jorge G. Castañeda en el Equipo de Transición para la presidencia de Vicente Fox; luego estuvo en el Instituto Nacional de Migración (INM) y como profesor visitante del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), según su perfil en Linkedin.

De 2007 a abril de 2009, Bravo vive una época interesante como asesor en Eurasia Group, donde analiza tendencias macropolíticas entre México y Cuba, “incluidos desafíos de seguridad y sus respuestas políticas en ambos países”. Comentarista en las emisoras NPR y CNN en español, efímero consultor en la Fundación Panamericana de Desarrollo (PADF, en inglés) donde redactó manuales de principios democráticos para jóvenes en América Latina.

Entre 2009 y 2014 fue Coordinador Regional y Observador Electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA); regresó a México como asesor en planeación política en la embajada de EE.UU. en México.

Ahí trabajó en la “identificación de oportunidades de colaboración con think tanks (tanques de pensamiento), centros de investigación, universidades y grupos de apoyo para promover mejores relaciones entre ambos países”. Más tarde, Enrique Bravo coordinó el Foro Juvenil de Penn Kemble.

Por su parte, la misión de la demócrata-cristiana alemana Fundación Konrad Adenauer (KAS) consiste en “desarrollar redes activas” en política, economía y sociedad para configurar una “globalización socialmente justa y económicamente eficiente”.

En marzo de 2015 auspició una convención en Cuernavaca, donde opositores y disidentes cubanos y de otras nacionalidades recibieron capacitación en acciones de protesta, que posteriormente ejecutaron en la Cumbre de las Américas en Panamá. Este septiembre arrancó su diplomado en Formación Democrática y Política y celebró el Encuentro Nacional de Cristiano-Demócratas para el Desarrollo Humano Sustentable en México.

Su director actual es el profesor y cardiólogo germano Stefan Jost, quien permaneció tres años y medio en Colombia. Ahí se vinculó con fuerzas políticas de derecha como el Grupo de Interés sobre Reforma Política (Girepo) y el Partido Conservador Colombiano. Su presentación pública en México fue el 19 de julio de 2013 en el foro Reforma Política, organizado por el Partido Acción Nacional (PAN), con cuya cúpula mantiene inflexibles vínculos.

El resto de su equipo tiene bajo perfil. El consejero adjunto Daniel Colmenero López figura como historiador de la Universidad de Bonn y los otros cuatro coordinadores son jóvenes a cargo de proyectos específicos (transparencia, elecciones, energía y medio ambiente).

La Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), también imparte cursos en México, entre ellos el inquietante programa internacional “Fortalecer los Sistemas Locales a Través del Análisis de las Redes Sociales” (SNA), que “mapea” e identifica redes integradas con herramientas de vigilancia y revisión. Sostiene que es una poderosa herramienta para gobiernos, donantes y organizaciones cuyas relaciones ayuda a dinamizar, para aplicarse “en muchas zonas y contextos”.

La USAID está presente en México desde los años 60, década en la que se retiró por críticas a su plan de planificación familiar, pero retornó en 1985 tras el terremoto. Hoy coopera en “seguridad trasnacional, protección de derechos humanos, desarrollo de la juventud y para “mitigar los efectos del cambio climático”. Se ubica en la embajada de EE.UU. en México y Margaret Spears está a cargo.

Trabaja “activamente” con el sector privado mexicano a través de alianzas estratégicas. Programas como la Actividad de Desarrollo para la Capacidad Local (LCDA, en inglés) y ha lanzado políticas nacionales en pro de jóvenes y campañas para prevenir la tortura y para alentar “la extraordinaria cooperación” entre EE.UU. y México.

El Instituto Nacional Demócrata (NDI) nació en 1983 como organización no lucrativa ni partidaria, para fortalecer las instituciones democráticas con participación ciudadana. Lo financian: la NED, la USAID, el DS, el Consorcio para el Fortalecimiento del Proceso Electoral y Político (CEPPS), otros gobiernos y organismos multilaterales como la Organización de Estados Americanos y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Su injerencia en 132 países se realiza a través de 15 mil organizaciones civiles de todo el mundo y más de 800 partidos políticos, a los que instruye en el “debate político, en el liderazgo” y en formas para reclutar a jóvenes voluntarios que promuevan la democracia imperial. Su informe 2014 exhibe el rostro suave de su labor subversiva: la Red Global de Monitores Electorales Nacionales (GNDEM), que avala o descalifica elecciones.

Su rostro tenebroso es el programa Uso de Nuevas Tecnologías y Redes Sociales, con Microsoft y la USAID, destinado a “crear y afinar” tecnologías para ciudadanos e instituciones opositores. A modo de ejemplo está la red ZunZuneo en Cuba.

A partir de 2008 aumentó su financiamiento para programas relativos a Cuba (de 3.5 a 45 millones de dólares). Con esos recursos pagan a quienes denuncian el supuesto “deterioro” de la libertad de expresión en ése y otros países con gobiernos progresistas, revelan las investigaciones de Eva Golinger.

En México observa elecciones y asesora a candidatos de todos los partidos desde 1991. Su Administradora Residente del Programa es Keila González y la Oficial del Programa en Washington D.C. es Iris Huerta.

El Centro Latinoamericano para la No Violencia (Celanv) es un apéndice de los anteriores. Aunque el Opus Dei domina su cúpula, la jefa de la Oficina de Investigación de Prospectiva es la peruana Nadia Ramos Serrano, exbecaria del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que auspició su pasantía en fundaciones como Peace Child. Hoy. Ramos Serrano se autodefine como “activista social” en su perfil de Facebook.

Celanv instruye a la gente en “Cómo comportarse en una manifestación no violenta; en cómo organizar un movimiento político para defender derechos humanos; cómo convocar a manifestaciones no violentas” y, a partir de ahí, “a cómo pasar a una situación de crisis o de actos violentos”. También enseña a elaborar consignas de impacto psicológico en el discurso político.

La Red Latinoamericana y del Caribe para la Democracia (Redlad) promueve abiertamente la contrarrevolución en los países de la Alianza Bolivariana de Nuestra América (ALBA) con una red integrada por 480 organizaciones. Tiene un proyecto común con NED. Según su sitio web su titular en México es Cirila Quintero y otras fuentes aluden a la argentino-venezolana Micaela Hierro.

 

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“La verdadera función de un periodista es descubrir e investigar temas de interés público, contrastarlos, sintetizarlos, jerarquizarlos y publicarlos, recurriendo a fuentes periodísticas fiables y verificables, bajo el principio de respetar la verdad por encima de todo".

Publicado el septiembre 19, 2016 en COLOMBIA, CUBA, EE.UU., En el tintero, MEXICO, Opinión, Plumas invitadas, Política, VENEZUELA y etiquetado en , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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