#Trump realinea a #EEUU con el islam suní en su viaje a #Arabia Saudí

Desde hace algunos años se ha ido cocinando en Oriente Próximo una alianza soterrada entre las grandes potencias sunís de la región e Israel, un matrimonio de conveniencia propulsado por los recelos que ambos bloques sienten hacia el Irán chií, enzarzado con sus rivales geopolíticos en una batalla por la hegemonía regional. Estados Unidos lleva décadas inequívocamente al lado de Riad y Jerusalén, pero con Barack Obama en el poder, puso algo de tierra de por medio al firmar con Teherán el acuerdo nuclear, que acabó con las sanciones internacionales que pesaban sobre el Estado persa y alentó indirectamente un equilibrio de fuerzas en la región. Ese giro parece estar ahora a punto de llegar a su fin. Donald Trump se dispone a restaurar las viejas pleitesías de la política exterior estadounidense.

Trump ha sido recibido con honores reales en Arabia Saudí, el inicio del primer viaje al extranjero de su presidencia, un periplo de nueve días que le llevará también a Jerusalén, Belén, el Vaticano, Bruselas y Sicilia. En la pista del aeropuerto de Riad le esperaba el rey Salman, de 81 años, que le ha recibido al pie de la alfombra roja después de que sus cañones saludaran al huésped estadounidense y sus cazas le dieran la bienvenida con peripecias aéreas. No es para menos. Trump comparte sus fobias hacia Irán y ha llegado dispuesto a hacer negocios y a restaurar la confianza que se esfumó con Obama. “Hay mucho dinero en juego”, le ha dicho su consejero económico, Gary Cohn, que ha llegado acompañado por empresarios estadounidenses. “Big dollars, big dollars”, ha resumido gráficamente.

VENTA DE ARMAS

En uno de los primeros actos de la visita, Trump ha firmado un acuerdo de venta de armas al reino por valor de 110.000 millones de dólares, una muestra del “compromiso de nuestra alianza con Arabia Saudí y nuestros socios del Golfo”, en palabras de la Casa Blanca. El paquete incluye tanques, barcos de guerra, sistemas antimisiles y armas de precisión. Obama se negó a aprobar la venta de estas últimas por temor a que fueran utilizadas contra los civiles en Yemen, donde Riad libra desde hace dos años una cruenta guerra contra una coalición de rebeldes huts y partidarios del defenestrado presidente Ali Abdulá Salem. Esa guerra ha matado a miles de civiles y ha contribuido a crear una hambruna que, según Naciones Unidas, afecta a más de ocho millones de yemenís.

También ha habido petrodólares para las empresas estadounidenses. Lockheed Martin ha cerrado un contrato para suministrar 150 helicópteros Black Hawk a cambio de 6.000 millones; y General Electric ha anunciado varios proyectos energéticos y de sanidad por valor de 15.000 millones. “Este es un día tremendo, un día de tremendas inversiones para EEUU”, ha dicho Trump tras reunirse con el príncipe heredero, Mohamed bin Nayef, el temido ministro del Interior.

MÁXIMA DISTINCIÓN

Trump no siempre estuvo igual de encantado con el patronazgo recíproco que sostiene la relación privilegiada entre ambos países desde 1945. Siendo ya candidato a la presidencia, se mofó de uno de los príncipes saudís por querer “controlar a los políticos estadounidenses con el dinero de su papaíto”. También sugirió que Arabia Saudí estuvo detrás de los atentados del 11-S, y exigió “petróleo gratuito” a cambio de proteger a la familia real saudí, que ha hecho del wahabismo tóxico que alimenta a los yihadistas su religión de Estado.

Pero en el bazar saudí pocos parecen habérselo tenido en cuenta. Ni siquiera que pidiera durante la campaña el “cierre total y completo a la entrada de musulmanes en EEUU”. El propio anciano Salman le ha puesto sobre el cuello la máxima distinción civil del reino, la medalla Abdelaziz al Saúd, por sus esfuerzos para reforzar la relación con la región. Aunque Trump todavía no ha dado ningún paso para romper el acuerdo nuclear con Irán, sí ha bombardeado al régimen de Asad en Siria, al que Obama se negó a tocar en contra de los designios saudís, y ha avalado con la venta de armas su guerra en Yemen.

Nunca antes un presidente había escogido Arabia Saudí como primera escala de su mandato. Trump cerrará este domingo la visita con un discurso al mundo musulmán para pedirle que una fuerzas contra el extremismo. No se referirá a sus anfitriones, sino al Estado Islámico y compañía.

El desplante a Obama

Los máximos honores dispensados a Donald Trump en su visita a Arabia Saudí contrastan con el recibimiento que se otorgó a Barack Obama en su última visita al reino, en el 2016. Por entonces, el rey Salman no fue a recibirle al aeropuerto, una ducha fría que se interpretó como un mensaje por el monumental enfado saudí por el acuerdo nuclear firmado con Irán. Años antes de que se cerrara ese acuerdo, Obama sí recibió la misma medalla de honor que se ha otorgado a Trump, una distinción también concedida a Vladimir Putin.

RICARDO MIR DE FRANCIA   WASHINGTON

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Publicado el mayo 22, 2017 en EE.UU., Opinión, Política y etiquetado en , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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